Revista Oficial de AVEPA

Clínica Veterinaria de Pequeños Animales - Volumen 44 / Nº 4 / Diciembre 2024

Galería de imágenes – Neurología

Daniel Sánchez Masian

Contacto: daniel.sanchez-masian@vet-ct.com

Neoplasias espinales en pequeños animales

Introducción

Los tumores espinales, al igual que los tumores intracraneales, se pueden clasificar como neoplasias primarias (vertebrales/paravertebrales o medulares) o secundarias de acuerdo al tejido de origen (Fig. 1). Sin embargo, en medicina veterinaria la clasificación más empleada se basa en la localización del tumor en relación a la médula espinal (Tabla 1). La incidencia de los tumores espinales en perros y gatos se desconoce, pero en cualquier caso parecen ser menos comunes que los tumores intracraneales.

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Figura 1

Clasificación de los tumores espinales en función del tejido de origen.

Tabla

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Figura 2

Clasificación de los tumores espinales en función de su localización. Los tumores extradurales (ED) suponen aproximadamente el 50 % de todos los tumores que afectan a la médula espinal y, habitualmente, se originan desde la vértebra, aunque también pueden tener su origen en los tejidos epidurales (por ejemplo, grasa epidural). Tumores vertebrales tales como osteosarcoma, condrosarcoma, plasmocitoma y fibrosarcoma son clásicos tumores extradurales. El osteosarcoma es el tumor, con origen en la vértebra, más común en la especie felina y canina. Los tumores intradurales-extramedulares (ID-EM) suponen el 35 % de todos los tumores espinales, siendo los meningiomas los tumores ID-EM más comunes y, al mismo tiempo, el tumor medular primario más frecuente en ambas especies. Finalmente, aproximadamente el 15 % de los tumores espinales son intramedulares (IM); sin embargo, un tercio de los tumores engloban varios compartimentos. En perros, el ependimoma y los gliomas son los tumores primarios IM que se diagnostican con más frecuencia, mientras que el hemangiosarcoma y el carcinoma de células transicionales son los tumores secundarios IM más habituales.

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Figura 3

Meningioma espinal atípico canino (WHO grado II). Resonancia magnética: plano parasagital (A) y transversal T1 (B) post contraste en un perro, macho castrado, de 9 años de edad con una historia crónica progresiva compatible con una mielopatía cervical craneal (mielopatía C1-C5). Se observa una masa intradural-extramedular de gran tamaño que realza de manera homogénea tras la administración de contraste paramagnético (gadolinio), lateralizada hacia la izquierda desde el nivel del cuerpo craneal C2 al espacio del disco intervertebral C2-C3. La lesión provoca un efecto de masa sobre la médula, que se desplaza hacia el lado derecho, y está en contacto directo con la cara dorsal de la médula y con su superficie lateral izquierda. La imagen histopatológica [(C), imagen cedida por la Dr. Jéssica Molín] corresponde a la biopsia quirúrgica que muestra una proliferación neoplásica no encapsulada, de elevada densidad, compuesta por células atípicas, leve a moderadamente pleomórficas, predominantemente poligonales, organizadas en nidos sólidos de tamaño variable separados por finas trabéculas de tejido fibrovascular compatible con un meningioma atípico grado II.

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Figura 4

Tumor espinal extradural (osteosarcoma). Resonancia magnética: plano sagital ponderado en T2 (A), ponderado en T1 post contraste (B), transversal ponderado en T1 post contraste (C) y dorsal ponderado en T2 (D) en un galgo, hembra castrada de 6 años, con una historia crónica progresiva, de 3 meses de evolución, desde la cirugía de castración, de ataxia propioceptiva de las extremidades pélvicas y paraparesia ambulatoria marcada. Se observa una masa de gran tamaño, extradural, que ocupa espacio dentro de la cara izquierda del canal vertebral al nivel de L2, y que se extiende desde el aspecto medial de L2 hasta el nivel del espacio del disco intervertebral. La lesión ocupante de espacio está bien definida y tiene forma ovoide. La médula espinal está marcadamente desplazada hacia el lado contralateral y marcadamente comprimida con una forma irregular. El hueso circundante del cuerpo vertebral, los pedículos vertebrales y la lámina vertebral tienen alteración de la señal en T2 y T1. La superficie cortical está principalmente lítica y destruida. La intensidad de la señal en T2 y T1 se extiende a lo largo del proceso espinal elevando la musculatura epaxial. No se aprecia un realce de contraste. El canal central de la médula espinal está moderadamente dilatado cranealmente (D) a la lesión que ocupa el espacio. La citología con aguja fina (ecoguiada) fue compatible con un osteosarcoma.

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Figura 5

Tumor intramedular (nefroblastoma). Resonancia magnética: plano sagital ponderada en T2 (A), ponderada en T1 post contraste (B) y transversal ponderada en T1 post contraste (C) en un bulldog americano, de 5 meses de edad, hembra entera, con una historia crónica progresiva, de 6 semanas de evolución, de ataxia generalizada propioceptiva en ambos miembros pélvicos y paraparesia ambulatoria severa. La resonancia magnética mostró una masa intramedular (aunque inicialmente no se pudo descartar un componente intradural) a nivel de T12-T13 con realce focal y homogéneo tras la administración de contraste. La masa ocupa la casi totalidad del área de la médula espinal. En la secuencia de T2 se aprecian cambios intramedulares craneal y caudal a la masa intramedular compatible con edema medular. La posterior necropsia de la paciente confirmó la existencia de un nefroblastoma intramedular.

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Figura 6

Tumor de vaina nerviosa periférica del nervio C8 derecho. Resonancia magnética: plano transversal ponderado en T2 (A), T1 con saturación de grasa (B) y T1 post contraste con saturación de grasa (C) en un perro mestizo, macho castrado, de 8 años de edad con una historia progresiva, de 3 meses de evolución, de cojera con evolución a monoparesia de la extremidad anterior derecha (EAD). Se observa un engrosamiento de la raíz nerviosa C8 derecha (flecha amarilla en A), con atenuación de la grasa foraminal. La raíz nerviosa se extiende ventralmente, formando nódulos y/o lesiones tubulares gruesas laterales a la tráquea y, luego, curvándose lateralmente hacia el plexo braquial (flechas amarillas en B). Tras la administración de medio de contraste, se produce un realce difuso de la raíz nerviosa. En C7-T1, la demarcación entre el saco dural y la raíz nerviosa realzada es irregular y está mal marginada, lo que también sugiere potencialmente una infiltración temprana de los márgenes del saco dural (flechas amarillas en C). En (D) se aprecia un “knuckling” espontáneo de la EAD, lo que sugiere déficits propioceptivos y en (E), un desgaste crónico de las uñas centrales debido al déficit propioceptivo crónico del paciente.