Revista Oficial de AVEPA

Clínica Veterinaria de Pequeños Animales - Revista Oficial de AVEPA

Era un martes cualquiera...

En la clínica, muchas citas, quirófano y pacientes ingresados. En la calle, las extraescolares en marcha y la actividad propia de un martes tarde en Sedaví.

A las 18:30 llega un mensaje: parece que está entrando agua en el pueblo de al lado. 

Lo leo varias veces. 

No llueve. 

Levanto la vista al cielo, despejado y tranquilo. 

Algo no encaja.

Desalojamos la clínica.

Son las 19.40 horas y subo a casa con mis hijas. Mi marido no está, incertidumbre y miedo, que como madre trato de disimular. Miro al cielo y sigue sin caer ni gota, ¿qué está pasando?

Llega mi marido con la cara desencajada: el agua ya está entrando por Sedaví.

Salimos a la terraza y en cuestión de minutos, vemos entrar por la avenida una lengua de agua, barro y cañas con una fuerza capaz de arrastrar todo lo que encuentra a su paso. Coches, postes de la luz, personas que no han logrado refugiarse a tiempo…Se va la luz, y empieza una pesadilla de la que aún no hemos despertado.

Vecinos corriendo hacia los pisos de arriba, familias enteras que en 10 minutos pierden toda una vida de esfuerzos y recuerdos y se refugian en nuestros pisos más altos. 

Padres, madres y niños con mucho miedo. 

Y en la calle, personas luchando por salvar sus vidas, aferrados a donde pueden.

Cuánta desesperanza, miedo e impotencia vivimos esa noche.

A la mañana siguiente, sin luz, sin agua y sin gas, lo que vieron nuestros ojos fue mucho peor de lo que se había estado dibujando en nuestras cabezas.

Pero nos levantábamos con la esperanza de que llegaran todos lo que visten esos uniformes que dan seguridad, los que te salvan ante una catástrofe de esta magnitud. 

Sin embargo, no había nadie, sólo vecinos desolados, gente buscando familiares que no habían vuelto a casa. Nadie más.

El pueblo se volvió una gran familia, que compartía lo que tenía, que abrazaba al que estaba peor, y ayudaba sin pensar en nada más que no fuera luchar por volver a ese martes de normalidad. 

Y lo que nadie lograba entender, era por qué NADIE nos avisó. 

Porque en la era de la comunicación, sólo recibimos mensajes de vecinos y compañeros de la zona. 

Como veterinaria, no puedo evitar comparar esta catástrofe con lo que sucede cuando ignoramos la prevención en medicina. Lo que debería haberse manejado de forma preventiva ahora se enfrenta con medidas reactivas: más costosas, más dolorosas, y con menos garantías de éxito.

Y en la profesión veterinaria, el impacto ha sido devastador. 

Un compañero veterinario y su mujer dejan dos hijos huérfanos en Paiporta. Una compañera auxiliar, que no logró llegar a casa.

125 veterinarios colegiados afectados y 65 clínicas dañadas, 41 de ellas gravemente. 

En mi caso, ver 16 años de esfuerzo y sueños flotando en barro, fue desolador. Ni siquiera las paredes de la Clínica Veterinaria Sedaví han podido resistir. Pero nos queda lo más importante de una Clínica, su equipo, las personas.

Y como en Sedaví, multitud de compañeros y compañeras que han perdido todo por lo que tanto han luchado y trabajado.

Pero si algo ya habíamos aprendido con la pandemia, es que somos profesionales con una resiliencia extraordinaria. Nuestro propósito nos impulsa incluso en los momentos más oscuros. Por eso creo que saldremos adelante, aunque el camino sea duro y el entorno parezca implacable.

Ahora, más que nunca, debemos enfocarnos en pequeños avances diarios para no sucumbir a la desesperanza. Esta caída, aunque dolorosa, puede ser una oportunidad para aprender, para reconstruirnos desde los cimientos, y para encontrar en la adversidad una fuerza que nunca creímos tener.

En este proceso, el apoyo de la Comunidad Veterinaria está siendo esencial. Por primera vez, nuestras clínicas, que siempre funcionaron como islas, se han conectado. 

Solidaridad, apoyo y barro a partes iguales.

Porque juntos somos más fuertes, y esta tragedia nos ha enseñado que la unión no solo nos salva; también nos da la esperanza de un futuro mejor.

No podemos cambiar lo que pasó, pero sí podemos decidir cómo reconstruirnos. 

Y juntos, lo lograremos.

María Vitoria Arias

Clinica Veterinaria Sedavi-VetPartners 

Secretaria del ICOVV

NOTA EDITORIAL: Dada la tremenda situación que están viviendo varios compañeros veterinarios de las poblaciones que sufrieron la DANA, hemos creído conveniente ceder el espacio de nuestro editorial a una de las clínicas afectadas, como homenaje a todos ellos.