Un estudio de 20201 investigó la prevalencia del síndrome del impostor entre la población veterinaria. Los resultados revelaron que un 68% de los 941 encuestados lo padecía.
Curiosamente, y de forma parecida a otras especialidades sanitarias, la prevalencia del síndrome en medicina veterinaria es más elevada entre mujeres que entre hombres. Además, a pesar de que los profesionales más jóvenes tienen una prevalencia más elevada, el síndrome no es exclusivo de profesionales con poca experiencia. El perfil clásico del individuo es un perfeccionista con un alto nivel de autoexigencia.
Las redes sociales no han hecho más que magnificar el síndrome del impostor. En los tiempos que corren, con el volumen de información que recibimos a diario, es fácil caer en la trampa de compararnos con perfiles relucientes y perfectos de profesionales que parece que lo tienen todo bajo control, cuando lo que deberíamos hacer es ser críticos con las imágenes que nos muestran: instagram vs reality.
El primer paso para afrontar este síndrome es reconocerlo. Pero ¿hay forma de poder superarlo?
Como os podéis imaginar, no existe una fórmula mágica. René Leriche en 1951 escribió, “Todo cirujano lleva en su interior un pequeño cementerio al que acude a rezar de vez en cuando… donde debe buscar una explicación a sus fracasos”. Y si bien es cierto que hay que recordar los errores, también es necesario desarrollar una respuesta saludable ante ellos. Y es igual de importante aprender a reconocer y recordar también los logros.
Es aconsejable tomarnos un tiempo de descanso de las redes sociales y eliminar perfiles que nos hacen dudar de nuestras capacidades. Dejar de compararse con los demás. Si tenemos un perfil profesional en redes, hacer un ejercicio de sinceridad. Ningún profesional (ni veterinarios, ni de otro ámbito) tiene 0% de complicaciones, y esconder la verdad no hace más que empeorar la situación.
Hablar de nuestros sentimientos con compañeros con los que tengamos confianza puede ayudar. Escuchando y apoyando a aquellos que también lo padezcan, descubriremos que es un sentimiento mucho más común de lo que imaginamos. Escuchar lo que piensan los colegas de uno mismo puede ayudar a ver la brecha entre su visión y la nuestra.
Ajustar las expectativas: nadie puede ser experto en todo, ese es el motivo por el cual se crearon las especialidades de la veterinaria. No se es impostor por preguntar a compañeros aquello que desconocemos. La medicina veterinaria no es una ciencia exacta, pero es un trabajo de equipo.
1. Kogan LR, Schoenfeld-Tacher R, Hellyer P, Grigg EK, Kramer E. Veterinarians and impostor syndrome: an exploratory study. Vet Rec. 2020 Oct 3; 187(7):271. doi: 10.1136/vr.105914. Epub 2020 Jun 22. PMID: 32571984.
Núria Vizcaíno Revés
LV, PhD, Dipl. ECVS, EBVS®
Servicio de traumatología y cirugía del Hospital Clínic Veterinari, Universitat Autònoma de Barcelona
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