Los salarios de los veterinarios clínicos continúan siendo, en muchos casos, insuficientes para el nivel de formación, responsabilidad, dedicación y exigencia emocional que requiere nuestra profesión. Aunque se han producido avances, todavía queda camino por recorrer para que el ejercicio clínico veterinario sea una opción profesional digna, atractiva y sostenible.
Esta reflexión debe partir de una premisa clara: todos los veterinarios deben disponer de unas condiciones acordes con la responsabilidad sanitaria, técnica y ética que asumen. La viabilidad de las empresas no puede utilizarse para justificar salarios insuficientes, jornadas excesivas o carreras profesionales sin posibilidades reales de desarrollo. Mejorar las condiciones laborales no es un lujo, sino una necesidad para garantizar el futuro de la profesión.
Al mismo tiempo, estas mejoras deben poder sostenerse en el tiempo. Los centros veterinarios necesitan ser viables para mantener el empleo, invertir en tecnología y formación, desarrollar nuevos servicios y continuar mejorando las condiciones de sus equipos. Defender salarios dignos y hablar de sostenibilidad empresarial no son planteamientos enfrentados, sino dos dimensiones inseparables de un mismo objetivo.
Como profesionales, debemos conocer no solo nuestras aspiraciones, sino también las responsabilidades que asumimos, el coste asociado a nuestro puesto y el valor que aportamos al proyecto en el que trabajamos. Ese valor no puede medirse únicamente mediante la facturación individual. También se expresa en la calidad asistencial, la capacidad de resolución, la eficiencia, el trabajo en equipo, la formación de otros profesionales, la fidelización de los clientes, la mejora de los procesos, el desarrollo de nuevos servicios y el posicionamiento del centro.
La formación avanzada, la experiencia y la especialización constituyen un enorme valor para nuestro sector y deben recibir el reconocimiento que merecen. Sin embargo, la progresión profesional y unas mejores condiciones también llevan asociada una responsabilidad creciente. Cuanto mayor sea nuestra posición, reconocimiento o retribución, mayor debería ser nuestra visión global y nuestro compromiso con el conjunto.
Liderar no significa únicamente ocupar una determinada posición. Significa compartir conocimiento, afrontar dificultades, generar confianza, facilitar el trabajo de los demás y contribuir activamente al avance del proyecto común. Requiere también coherencia, generosidad y vocación de servicio. En definitiva, implica asumir la responsabilidad de impulsar al equipo y contribuir a que el conjunto avance.
Esto no supone aceptar una productividad ilimitada ni renunciar a la conciliación, la salud mental o unas condiciones laborales justas. Se trata de construir modelos transparentes, en los que las funciones y las expectativas estén claramente definidas y en los que la responsabilidad, la aportación y el reconocimiento mantengan un equilibrio.
Mejorar nuestra profesión exige corresponsabilidad: empresas capaces de cuidar y valorar a sus equipos, y profesionales conscientes del impacto de su trabajo y comprometidos con el proyecto común. Solo desde ese equilibrio podremos avanzar hacia una profesión más justa, sólida y sostenible para quienes ya formamos parte de ella y para quienes vendrán después.
Lic. Vet, PhD, MSc, Ex. MBA
Directora del Hospital Veterinario UCV y profesora titular de la Universidad Católica de Valencia
mdc.soler@ucv.es
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